“El viaje de Arlo”, una película que deja huella

Puntuación 4/5

CLARA ZAPATER USERO

¿Alguna vez os habéis preguntado qué sería de nuestras vidas si aquel meteorito que puso fin a la estancia de los dinosaurios en la Tierra nunca hubiese impactado contra nuestro planeta? Para empezar, probablemente no estaríais leyendo estas líneas… Es más, probablemente yo ni si quiera las habría escrito. Lo cierto es que el universo nos lo ha puesto bastante fácil, así que yo de vosotros empezaría por darle las gracias. Y, si no entendéis de qué hablo, abrochaos el cinturón, que vienen curvas.

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Fotograma de la película en el que el meteorito esquiva el planeta Tierra. Fuente: Walt Disney Studios España.

El viaje de Arlo, la nueva película del director Peter Sohn, llegó a los cines españoles el pasado 27 de noviembre de la mano de los estudios de animación de Pixar. No es la primera vez que se lleva a la gran pantalla una historia protagonizada por dinosaurios, pero hay un pequeño detalle que la diferencia del resto: en esta ocasión, el asteroide de diez kilómetros de diámetro que destruyó a estos reptiles pasa de largo sin ni si quiera rozar la Tierra. De hecho, son estas criaturas las que controlan el mundo: tienen una lengua propia, cultivan el campo y viven en familia en sus granjas.

La trama comienza cuando una pareja de apatosaurus llamados Henry e Ida contemplan la eclosión de los tres huevos de los que nacerán sus hijos: Buck, Libby y Arlo. Este último es considerablemente más pequeño y débil que sus hermanos, lo que le hará ser menos hábil que ellos en las tareas domésticas. Arlo observa día a día cómo los demás miembros de su familia logran cumplir sus metas y desea ser como ellos pero, por más que lo intenta, todo le sale mal. De hecho, él es el único que aún no ha plasmado su huella en la pared –gesto que en su casa simboliza haber conseguido algo grande–, y esto le atormenta. Tratando de ayudarle, su padre le encomendará una misión especial: acabar con la alimaña que les roba la comida que almacenan para cuando llegue el invierno.

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Ida, Henry, Arlo, Buck y Libby ante su depósito de comida. Fuente: thatsitmommy.com

Arlo está decidido a cumplir con el encargo de Henry y, para hacerlo, vigilará durante horas y horas la trampa que le han tendido al misterioso bicho (que, en realidad, es un niño neandertal). Pero, cuando por fin lo captura, se apiada de él y decide dejarlo escapar. El comportamiento del pequeño apatosaurus decepcionará mucho a su padre y, esto –sumado a otras circunstancias que no os desvelaré–, hará que Arlo acabe siendo arrastrado por un río mientras persigue a su enemigo, llegando ambos a un paraje desconocido y planteándoseles, así, una gran aventura en su camino de regreso a casa.

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Spot, el pequeño neandertal. Fuente: http://www.movies.disney.com

Es innegable que El viaje de Arlo es una película infantil, pero lo cierto es que no se limita a contar una historia que consiga distraer a una sala llena de niños durante una hora y media. El viaje de Arlo es mucho más que eso… En mi opinión, la cinta puede llegar a convertirse en una lección de vida para todo aquel que sepa descifrarla. Y creedme cuando os digo que no me estoy dejando llevar por mi lado infantil (aunque muchos sabéis que lo tengo); os hablo desde la perspectiva de una chica madura que gracias a un filme para niños ha logrado comprender un poco mejor (si es que es posible llegar a hacerlo) el mundo que le rodea.

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Spot y Arlo observan el Desfiladero de los colmillos. Fuente: http://www.fotogramas.com

Por ejemplo, yo me había planteado muchas veces al presenciar situaciones manchadas de racismo por qué algunos seres humanos se creen superiores a otros por el simple hecho de tener un tono de piel más claro. ¿Acaso es mérito nuestro haber nacido en territorios más fértiles o haber entrado por azar en contacto con otras civilizaciones que nos han permitido evolucionar? En el mundo en el que vivimos está impuesta la idea de que la raza blanca es la portadora de la verdad y de la única cultura válida cuando, en realidad, tenemos mucho que aprender de otros habitantes del planeta.

Y no toméis esta última frase a la ligera, porque lo que El viaje de Arlo me ha permitido ver es que no sólo tenemos que plantearnos nuestra supuesta supremacía sobre otros seres humanos, sino que también debemos pensar que pertenecemos al reino animal y que, hace 65 millones de años, éramos un eslabón más de la cadena alimentaria. ¿Qué hubiera pasado si aquel meteorito nunca hubiera caído? ¿Qué sería de nosotros si los dinosaurios no hubieran desaparecido? Quizás habría sido el ser humano el que se hubiera extinguido o, quizás, continuaríamos luchando por sobrevivir y todavía presentaríamos comportamientos muy parecidos a los de los animales. (Porque, a ver… Aunque por ahí haya algún que otro individuo que te haga plantearte si realmente se ha producido una evolución o si seguimos colgando de las ramas de un cocotero, lo cierto es que sí hemos cambiado desde que dejamos de ser neandertales).

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Spot en un fotograma de “El viaje de Arlo”. Fuente: Walt Disney Studios España.

Es por este motivo por el que os animo a dejar a un lado los estigmas culturales, a liberaros de las cargas ideológicas y a disfrutar de la vida desde la perspectiva de la igualdad. Si conseguís hacer esto, quizás podréis entrar en contacto con gente con la que, de otra forma, jamás hubierais trabado amistad. Y si no que se lo digan a Arlo y a su pequeño compañero de viaje que, a cada paso, irán convirtiéndose en inseparables. Además, el filme me ha recordado la importancia de los pequeños detalles, porque un gesto de amabilidad (ya sea ofrecer comida a un dinosaurio hambriento o algo más asequible como sonreír a los que nos rodean) puede marcar una gran diferencia.

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Spot abraza a Arlo. Fuente: Walt Disney Studios España.

Por otro lado, El viaje de Arlo lleva implícito un mensaje dirigido a las familias del siglo XXI (que a veces están muy alejadas aunque vivan bajo el mismo techo): hay que disfrutar de los seres queridos mientras los tenemos cerca, porque nunca se sabe qué puede pasar mañana. Además, la cinta nos enseña que, en ocasiones, amar implica decir adiós o arriesgar nuestra vida por salvar la de los demás. En lo referente a los vínculos paterno-filiales, la relación entre Henry y Arlo nos deja entrever que no es bueno presionar a los hijos para que se conviertan en un reflejo de lo que tú quieres que sean… Cada persona es única y ha de seguir su propio camino porque, así, es como más lejos llegará.

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Arlo y Spot corren junto al río. Fuente: http://www.movies.disney.com

Sin embargo, de todas las lecciones que he aprendido gracias a esta película de Pixar, la que más me ha marcado ha sido la referente al miedo. Arlo, quizás por su tamaño y poca fortaleza, es un ser que vive asustado por todo lo que le rodea. Una noche Henry lo lleva a una explanada oscura, y el pequeño apatosaurus está muy nervioso. Sin embargo, cuando su padre acaricia la hierba trazando un recorrido circular con su cola, miles de luciérnagas se encienden y flotan por el aire alrededor ambos. “A veces hay que traspasar la barrera del miedo para ver la belleza que hay al otro lado”… Creo que estas palabras de Henry no pueden tener más razón: algunas personas viven rodeadas de inseguridades que les hacen perderse aspectos maravillosos de la vida. Pero no hay que olvidar que es natural que haya cosas que nos asusten. Al fin y al cabo, “si no tienes miedo es que no estás vivo”, pero es el hecho de superarlo lo que nos hace realmente valientes.

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Arlo descubre la belleza que esconde una luciérnaga. Fuente: http://www.hitfix.com

En lo que respecta a los aspectos técnicos, me ha llamado la atención el hiperrealismo de la cinta que, para tratarse de una animación, presenta algunos paisajes que podrían estar sacados directamente de una cámara de fotos. Los árboles, la tierra, el agua… son increíblemente reales, y lo mejor es que estos escenarios no desentonan con sus habitantes que, por el contrario, no han sido creados con la intención de asemejarse a los dinosaurios reales, sino que son mucho más adorables. Por otra parte, me pareció muy original el enfoque que Pixar ha dado a la trama que, pese a estar ambientada en la prehistoria, en varios momentos se asemeja a un western gracias a las escenas desérticas y a la música al más puro estilo wild, wild, west.

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Escena similar a la de una película del oeste. Fuente: http://www.io9.com

Pero, ¿y tú? ¿A qué lado de la barrera del miedo vives? ¿Estás dispuesto a correr riesgos para llegar a ser feliz? ¿Eres capaz de dejar a un lado el etnocentrismo para ver a los que te rodean como iguales? Y, lo más importante de todo… ¿Hay algo que puedas hacer para, como Arlo, dejar tu huella en el mundo?

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Spot sobrepasa las nubes. Fuente: Walt Disney Studios España.

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