¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas?

Puntuación 4/5

CLARA ZAPATER USERO

«Esta película no está mal para ser española».

Seamos sinceros. ¿Cuántas veces en vuestra vida habéis oído esta frase? Es más, ¿cuántas veces habéis sido vosotros los que habéis obsequiado al mundo con esa profunda reflexión filosófica? Venga, no tengáis miedo de admitirlo… Lo cierto es que incluso yo, que ahora escribo estas líneas criticando a los que lo hacen, he dejado escapar alguna vez de mi boca esas palabras envenenadas… De hecho, si tenemos en cuenta el número de veces que se ha pronunciado esta expresión en los últimos años, podríamos decir que ha sido durante un tiempo candidata a convertirse en parte del refranero español. Sin embargo –y aunque la frase se haya hecho popular–, sabéis de sobra que existen otros dichos más antiguos como aquel que dice que “rectificar es de sabios”. Por ello, hoy me dirijo a vosotros, queridos lectores de El 221B de Baker Street, con un mensaje que pretende arrojar un poco de luz sobre el asunto y, si es posible, abrir los ojos a todos aquellos lectores que, como yo, estaban cometiendo un error al enunciarla.

Igualmente, creo que las cifras hablan por sí solas. Ocho apellidos catalanes llegó al cine el pasado 20 de noviembre, y al día siguiente del estreno ya habían pasado por las salas 680.000 espectadores, traduciéndose este éxito en una recaudación de 7,6 millones de euros tras su primer fin de semana en taquilla. Y sí, como habréis imaginado, yo fui una de esas 680.000 personas.

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Cartel promocional de “Ocho apellidos catalanes”. Fuente: http://www.sensacine.com

He de admitir que mis sentimientos antes de entrar al cine eran contradictorios. Por un lado tenía muchísimas ganas de experimentar de nuevo lo que viví con Ocho apellidos vascos, la precuela. He de reconocer que la he visto por lo menos diez veces y, aunque no me canso de hacerlo, es lógico que haya llegado un momento en el que el filme haya dejado de sorprenderme (lo cierto es que me sé de memoria cada una de sus escenas y diálogos, por lo que el factor sorpresa se reduce a cero). Es por eso que, la idea de poder disfrutar de los mismos personajes en una aventura completamente nueva, me emocionaba mucho.

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Rafa (Dani Rovira) y Amaia (Clara Lago) en un fotograma de “Ocho apellidos vascos”. Fuente: b.sidemg.com

Sin embargo –y aunque suene paradójico–, era ese mismo amor por Ocho apellidos vascos lo que me hacía temer el estreno de Ocho apellidos calanes. Creo que no es un secreto que el nuevo filme ha sido grabado a raíz del gran éxito de su predecesor. De hecho, después de analizar el final de la primera parte, estoy segura de que ni si quiera el director (Emilio Martínez-Lázaro) se había planteado rodar una segunda. Esto me inquietaba porque, en otras ocasiones, cuando una película ha funcionado bien y se ha intentado aprovechar al máximo su filón filmando una secuela, el resultado ha sido catastrófico. ¿O es que no recordáis Grease 2? Exacto, probablemente no la recordáis, y no se necesita más prueba que ésa para demostrar su estrepitoso fracaso. A continuación os dejo a los más curiosos el tráiler del filme (y no es que os falle la vista: efectivamente, la protagonista es Michelle Pfeiffer).

Volviendo a Ocho apellidos catalanes (lo sé, tengo una tendencia natural a irme por los cerros de Úbeda), os diré que mis dudas y temores se disiparon segundos después de que se apagaran las luces de la sala de cine.

Empieza la proyección y una Merche (Carmen Machi) al estilo ‘femme fatale’ camina por el muelle de Argoitia. Allí se encuentra con Koldo (Karra Elejalde), con el que empezó una relación en la anterior película. Hacía meses que él se había marchado sin avisar a bordo del Sabino porque, al parecer, le agobiaba el compromiso. Lo mismo le ha sucedido a Rafa (Dani Rovira), que puso fin a su relación con Amaia (Clara Lago) porque no se atrevía a dejar Sevilla para empezar una vida con ella en el norte. Sin embargo, la vasca le ha dicho a su padre que fue ella quien decidió romper con al andaluz para evitarle un disgusto. Merche está enfadada con Koldo y le da un ultimátum: o jubila su barco y sienta la cabeza, o se olvida de ella para siempre.

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Merche (Carmen Machi) durante la primera escena de la película. Fuente: Universal Spain.

Antes de despedirse, le entrega un sobre que ha llegado al buzón en su ausencia: se trata de una invitación a la boda de su hija Amaia, que se va a casar con su actual novio, un artista catalán (Berto Romero). Pero, antes de la ceremonia, a Koldo le queda algo por hacer: ha de recuperar el lauburu (un collar que pasa de generación en generación cuando se celebra una boda) que le entregó a Rafa el día que éste se iba unir en matrimonio con Amaia para poder dárselo a Pau. Es por ese motivo que tendrá que viajar a Sevilla para buscar al andaluz, que al enterarse de que su ex novia se va a casar decide acompañar a Koldo hasta Gerona para impedir la boda. Y éste es sólo el principio de todo lo que va a suceder…

Aunque he leído alguna que otra crítica negativa hacia la película, he de decir que Ocho apellidos catalanes no me decepcionó. Personalmente –y creo que hablo con conocimiento de causa por las muchas veces que he visto Ocho apellidos vascos­–, no me ha parecido mejor que la primera, pero creo que sí ha estado a su altura. En mi opinión, el recién estrenado filme tiene una gran calidad, pero quizás el hecho de ser una segunda parte le ha impedido tener la misma frescura y originalidad que la precuela… Pero, al fin y al cabo, éste es el precio que hay que pagar al rodar una secuela: hay que limitarse a seguir una trama muy condicionada por lo que sucedió en la anterior entrega, obra con la que, además, los espectadores van a comparar la nueva producción. Y ya se sabe que las comparaciones son odiosas…

Sin embargo, considero que el haber superado estas presiones y obstáculos es, precisamente, lo que hace grande a Ocho apellidos catalanes: las expectativas eran altas debido al abismal éxito de su antecesora, pero lo cierto es que el director, los guionistas, los actores y el resto del equipo han logrado sacar adelante un gran producto. Al fin y al cabo, ¿qué hubiera pasado si las películas se hubieran estrenado en el orden opuesto? Quizás Ocho apellidos vascos sería la que sufriría las consecuencias de ser la segunda parte de una gran película encumbrada, pero esto nunca lo sabremos… De lo único que podemos estar seguros es de que, probablemente, nunca se llegue a valorar la recién estrenada cinta tanto como merece.

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Pau (Berto Romero) durante una de las escenas de la cinta. Fuente: Universal Spain.

Por otro lado, quisiera destacar el trabajo que todos y cada uno de los actores han llevado a cabo, pasando por algunos indispensables que ya nos conquistaron en la primera entrega como Dani Rovira, Clara Lago, Carmen Machi o Karra Elejalde, y terminando con Berto Romero, para mí el gran descubrimiento de Ocho apellidos catalanes. Aunque ya conocíamos la faceta humorística del barcelonés por el programa que presentó con Andreu Buenafuente, creo que él mismo ha debido de descubrir a raíz de su participación en la película de Emilio Martínez-Lázaro lo buen actor que es. Y es que, si ya es divertido observar las diferencias culturales que existen entre vascos y andaluces, imaginad lo que supone añadir al juego a un catalán… Y no a un catalán cualquiera: se trata de un pintor de arte contemporáneo hipster que vive en un estado continuo de paz y armonía.

Ocho apellidos catalanes ha llegado a los cines en un momento en el que España se encuentra ante uno de los mayores dilemas estatales de los últimos tiempos: la independencia de Cataluña, un problema que está enfrentando a dicha comunidad con el resto de españoles y que, también, está afectando a las relaciones entre catalanes. Es por este motivo que no deja de sorprenderme que un par de manos como las de Emilio Martínez-Lázaro puedan transformar un asunto tan polémico como el independentismo en algo tan divertido que saque una sonrisa al conjunto de los españoles. Y es que, al fin y al cabo, el cine nos une, y no deberíamos dejar que nuestros apellidos (ya sean de origen vasco o catalán) nos separasen.

TRÁILER:
FUENTES:
‘Ocho apellidos catalanes’, el mejor arranque del año – EL PAÍS
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